11 noviembre 2010

El arte de vivir detrás de una canción,

Doctores como Ojalancia y Homeless (como dice Ojalancia, no os perdais su crónica que es la buena)
son los que van a dar la verdadera dimensión del concierto de Quique Gonzalez en mi escalera.

Sí, un poco de blues, y de country from Nashville (Auuuuuu!!!) y un poco de melancolía en su musica, y en mis reminiscencias de Eagles, Dylan padre y Dylan hijo (ese Hammond..) y Sabina y Secretos para quedarnos más por su Madrid.

Cuando uno, aún estando en casa, ve un partido de un equipos que no conoce, se sienta, se lo mira y disfruta... de una voz por encima de lo esperado de este cantautor de Sabina & Secretos - like songs, y de unas letras con zumo a exprimir, zumo futbolero que le da muchos puntos, pero que se le rebajan cuando en las referfencias rima con Nou Camp y se olvidá de Cornellá, también aguda. Y claro, sensible que es uno, no puede evitar poner cara de agravio cuando nos habla de esta ciudad de Barcelona...

Ello no quita una atención por lo que canta y toca, guitarrero y con ese Hammond que le da un toque de complicidad con el que escribe, fan de ese sonido, notorio pero secundario. Y nos ponemos a procesar las letras de este habitante de la ciudad del viento, que parece nos volverá a hacer reir si nos quedamos con él. Que nos transmite esa valentía para jugárnosla, a pesar de que alguna que otra vida cruzada te vaya persiguiendo. Así que nunca digas, porque puede que cuando nos vuelvan a dar el día libre uno de esos días grises nos plantemos delante del arrecife a preguntar: ¿Cuándo vas a venir otra vez por aquí? Cuando quieras, pero recuerda a la ciudad a la que vas.


Ayudó a recuperar ese placer por el concierto en directo, y por no dejarlos pasar por delante sin tocarlos.

Nadie podrá con nosotros aunque estuvieron muy cerca ayer

1 comentario:

ojalancia dijo...

Chapeau, Jucasel. Me quito el cráneo.

Joer, cuando QG cantó "Nadie podrá con nosotros" pensé: esta frase le gustará a Jucasel. Y toma. Bingo.

Esteeee... que te voy a robar la crónica, ¿vale?