17 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (22/365): "Lili Marlén" (Olé Olé)

La historia

Había canciones raras versionadas en los 80… y luego estaba “Lili Marlén”. Una pieza tecno‑dramática que parecía salida de una película de ciencia ficción barata, pero un clásico al fin y al cabo. De esas que escuchabas por primera vez y pensabas: “¿Qué demonios es esto?”. Y acto seguido, ya la estaba cantando.

Yo la descubrí buscando en emisoras la nueva de Olé Olé, etapa Marta Sánchez, cuando el grupo decidió que podía sonar a tecno europeo, a distopía suave, a romanticismo futurista en una melodía clásica.

Uno es más de Vicky que de Marta, sí. Pero esta de Marta de las ha apañado para aparecer en #MiListaDeLosSesenta

La letra

La letra es un collage de imágenes potentes, casi cinematográficas. Gustavo Montesano estaba en modo distopía poética, y se nota. No es una historia lineal: son flashes, sensaciones, frases que se te quedan grabadas. Ignoro si muy cercanas a la versión original. 

“Esa luna en ruinas sabe qué pasó”

¿Qué significa? Da igual. Funciona.

“Nunca me dijeron qué es lo que hay que hacer.   Sálvese quien pueda, locos al poder”

Y ésto y Marta, con 20 años, era dinamita pura.

“Lili está mal, Lili está bien”

Y ahí estabas tú, en modo soldado, intentando descifrar si Lili era una persona, un símbolo o un estado mental.

La melodía

El sonido es puro tecno‑pop español de mediados de los 80, con influencias clarísimas de Propaganda, Alphaville y Visage. Sintetizadores fríos, cajas de ritmo marcadas, un bajo electrónico que avanza como una sombra, y la voz de Marta en modo dramático, más potente de lo que recordabas.

El videoclip era un festival de humo, luces frías y estética post‑nuclear. Muy de la época. Muy de “no tenemos presupuesto, pero tenemos actitud”.

Cantar

Esta es de las que cantabas sin entender del todo lo que decías. Pero daba igual. Porque la melodía te arrastraba, la letra te sugería mundos raros, y tú estabas en esa edad en la que cualquier frase misteriosa parecía profunda.

La ubicación

Hoy, la ubicación es ese recuerdo casero, de estar frente a la radio o viendo Tocata, cambiando el dial o la cadena. Y de pronto escucharles. 

Cameos

  • Ese yo adolescente que intentaba descifrar frases que hoy quizá no significan lo mismo… pero que entonces eran todo un universo.

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Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve. O cuando vea por casa el LP o CD que la lleva.

16 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (21/365): "Doot Doot" (Freur)

La historia

La canción de hoy no empieza: te envuelve. “Doot Doot” es de esas piezas que no entran por la puerta, sino por las paredes. Un sintetizador líquido, casi acuático, que te rodea antes de que puedas ponerle nombre. Y de pronto estás dentro: en un túnel techno ochentero que huele a Kraftwerk, a OMD, a Jarre… y a algo más que no sabes identificar pero que te hace sonreír. Una sensación que llevas 40 años tarareando sin saber por qué.

Freur es uno de esos grupos que casi nadie recuerda, pero que todos hemos escuchado alguna vez sin saberlo. Y esta canción, con su título friki y su atmósfera envolvente, pertenece a esa categoría mágica de temas que desaparecen durante décadas y un día, sin avisar, vuelven a sonar en tu cabeza como si nunca se hubieran ido.

La letra

La letra de “Doot Doot” no es letra: es niebla. Es textura. Es un mantra suave que flota por encima de los sintetizadores sin querer significar demasiado. Y ahí está su encanto. No te cuenta nada, pero te coloca en un estado mental muy concreto. Como si la canción te dijera: “no pienses, solo déjate llevar”.

Es de esas letras que no se entienden… pero se sienten. Y eso, en los 80, era casi un género propio.

La letra envuelve

Here in the dark
Watchin' the screen
Look at them fall
The final scene


Y el estribillo lo cantas hasta la muerte. 

And we go doot
Doot-doot

y tras ello, la melodía de ese instrumento raro, que casi es una letra. 

La melodía

La melodía es puro ambiente. Un sintetizador que parece derretirse, un ritmo que avanza sin prisa pero sin pausa, y una producción que —según cuentan— nació de sintetizadores que fallaban constantemente en el estudio. De ahí ese sonido líquido, irregular, casi orgánico.

Y sí, hay un momento en el que parece que se oyen mexicanos por el fondo. No sé si son voces, ecos, o simplemente tu cerebro buscando patrones donde no los hay. Pero ahí están. Y cada vez que lo escucho, me hace gracia. Es parte del buen rollo inexplicable de esta canción.

Cantar

Esta no se canta: se tararea. Se murmura. Se deja caer. Es de esas que te pillan cocinando, conduciendo o mirando por la ventana, y de pronto estás haciendo “doot doot… doot doot…” sin darte cuenta. Y cuando te das cuenta, sonríes.

La ubicación

Hoy, la ubicación es un recuerdo difuso. Una mezcla de radios nocturnas, cintas grabadas, y ese tipo de canciones que no sabes de dónde salieron pero que se quedaron contigo para siempre. Una cápsula de los 80 que sigue funcionando cuatro décadas después.

Y un bar de esos de los 80-90, por la Diagonal, que se llamaba el Final, y que era todo un mensaje para bajar hacia casa cuando lo cerraban o cuando mis compis futboleros de la Uni cerraban filas.

Cameos

  • Freur, el grupo con un nombre impronunciable antes de llamarse Freur.
  • Los sintetizadores rebeldes del estudio, responsables del sonido líquido.
  • Kraftwerk, OMD y Jarre, flotando como referencias inevitables.
  • Y el cameo histórico: dos miembros de Freur acabarían fundando Underworld, los de “Born Slippy”, los de Trainspotting, los que redefinieron la electrónica de los 90. Todo empezó aquí.

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Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.

15 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (20/365): "Baby I Don't Care" (Transvision Vamp)

La historia

Lo de hoy no empieza suave. No empieza con nostalgia. No empieza con una radio de fondo. Empieza con un ¡PAM! en toda la cara. Porque así entró Wendy James en nuestras vidas: sin avisar, sin pedir permiso y sin darnos tiempo a asimilar nada. No habías terminado de escuchar el primer rasgueo guitarrero cuando ya te había soltado un grito que te abría los ojos y los tímpanos. Era un impacto doble: visual y sonoro. La rubia mona pero gamberra que aparecía en pantalla como si viniera a recordarte que el pop también podía morder.

El productor del grupo lo explicó mejor que nadie: “Wendy no cantaba: atacaba.” Y así se sentía. Un ataque frontal, eléctrico, divertido, descarado. De esos que te dejaban con la boca abierta y la cabeza moviéndose sola.

La canción, como todas las de los 80, nos llegó por dos vías: la radio que quemaba éxitos sin descanso, y la televisión que repetía el vídeo en A Tope y Rockopop hasta que lo tenías grabado en la retina. Y claro, cuando aparecía Wendy, con esa mezcla de punk-pop, actitud y sonrisa peligrosa, era imposible no quedarse mirando.

La letra

No puedo ponerla entera, pero sí puedo rescatar un par de líneas que siempre me han hecho gracia por cómo las escupía Wendy, como si fueran pequeñas bofetadas pop:

No you don't have to say you love me
Baby it's alright
Cos honey I don't care
Oh baby I don't care
En su voz no sonaba a indiferencia. Sonaba a declaración de guerra.
Well you can give me all your love
And anything else you got too
Y ella contestando con un gesto que decía: “pues muy bien, chico, pero yo voy a lo mío”. Y ese final de estribillo con más contenido: 
Oh when I tell you baby
I don't care
Oh baby please believe me
I don't care

La melodía

Ese riff inicial es una maravilla: contundente, afilado, con un puntito funky que venía de la influencia de INXS (lo confesó el propio Nick Christian Sayer, guitarrista del grupo). Es un sonido que te engancha desde el primer segundo y que prepara el terreno para la entrada explosiva de Wendy.

La canción avanza como un coche sin frenos bajando por una carretera ochentera: ritmo firme, guitarras que muerden y una voz que no pide permiso para nada.

Cantar

Esta es de las que canto sin pensar. De las que te pillan en el coche, en la ducha o en la cocina y te hacen soltar el grito inicial al mismo tiempo que Wendy, como siempre, con más actitud que afinación. Y da igual. Porque esta canción no se canta: se suelta, o se berrea. 

La ubicación

Hoy, la ubicación es un recuerdo de impacto, de una excursión con los amigos de LH y con una TV poniendo el vídeo una y otra vez. Qué grande Youtube para no tener que rebobinar cintas VHS!

Cameos

  • Wendy James, la rubia mona pero gamberra que atacaba las canciones.
  • Y mi amigo Dani, que un día decidió que esta canción sería la banda sonora de una excursión a Núria. Subimos andando, como valientes. La bajada, con lluvia, barro y resbalones, fue una aventura épica. Y allí estaba Wendy, gritando en nuestros auriculares como si nos empujara cuesta abajo.

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Cuando vuelva

14 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (19/365): "19 días y 500 noches" (versión Travis Birds)

La historia

 Llevamos 19 días emitiendo #MiListaDeLosSesenta. La número 19 tenía que empezar por 19. No había escapatoria posible. Pero en esta serie me he dado permiso para algo que me divierte mucho: las repeticiones permitidas. Es decir, una misma canción puede aparecer varias veces, siempre que venga con otro enfoque, otra voz o, como en este caso, otra mirada que la convierte en algo distinto.

Y aquí entra Travis Birds y Benjamín Prado, que un día decidieron coger la canción de Sabina, darle la vuelta como un calcetín y cantarla (Travis) desde el punto de vista de la mujer que despecha al protagonista. Y claro, me hizo muchísima gracia. Porque no solo funciona: es que parece que la canción llevaba años pidiendo exactamente esto.

De repente, la historia ya no es la del pobre tipo derrotado que se lamenta por los rincones, sino la de una mujer que tiene muy claro que no está para aguantar según qué dramas. Y lo canta con una mezcla de ironía, firmeza y ternura que convierte la canción en otra cosa. La misma, pero distinta. Perfecta para esta serie.

La letra

Aquí es donde más se nota el giro. Porque hay versos que, en boca de ella, se convierten directamente en guiños humorísticos. De esos que te hacen levantar la ceja y pensar: “pues sí, tenía razón”. Yo recuerdo especialmente estos:

“Y la misma canción, al cambiar de persona
no dice lo de siempre cuando dice lo mismo.”

Esto es casi una declaración de intenciones. La versión entera cabe aquí.

“Dijo que era su media naranja y se puso a exprimir.”

Sabina en modo cítrico. Y Travis Birds, en modo “pues mira, no”.

“Le quité la llave, el abono transporte… por decirlo suave, le di pasaporte.”

Una de las mejores expulsiones de la historia de la música. Roja directa.

“Colega, tú has perdido el norte.”

En su voz suena aún más contundente. Y más divertida.

Y luego está la referencia futbolera y política del nuevo ligue, que en su versión queda como un remate perfecto: un “mira, chico, que yo ya estoy en otra liga”: del PP, juega al pádel, al golf, hace el pino...

La melodía

La versión de Travis Birds es más íntima, más contenida, más de habitación pequeña que de bar lleno. Tiene ese punto de reinterpretación respetuosa pero con personalidad, como si la canción hubiera pasado por un filtro de luz cálida y mirada femenina. Y de la voz ni hablamos.

Cantar

No es de las que canto. Es de las que escucho sonriendo. Porque ya conocía la original de memoria, pero esta me pilló por sorpresa. Y me encanta cuando una canción conocida te obliga a escucharla como si fuera nueva.

La ubicación

Hoy, la ubicación es un descubrimiento casual. De esos que te aparecen en una playlist, te hacen levantar la ceja y te obligan a volver a escuchar la original para comparar. Y ahí está la gracia: no gana una ni la otra. Conviven.

Pero ubicamos un lugar: el Michael Collins, donde intentaba explicar el día de Nochebuena a unos amigos la grandeza de esa canción. No era las horas ni el lugar para que entendieran que un día esa canción que había descubierto hacía poco, iba a ser la 19 de #MiListaDeLosSesenta. 

Cameos

  • Sabina, con su universo de noches largas y derrotas hermosas.
  • Travis Birds, dándole la vuelta al guion sin despeinarse.
  • La idea de que una canción puede tener más de una vida.
  • Ese yo que disfruta cuando una versión reescribe la historia.
  • Esos amigos, que no sabían de qué les hablaba. 

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Updates

Esta no será la última vez que aparezca esta canción en la lista. Volverá. Con otro enfoque, otra voz o quizá con la original. Pero volverá.

13 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (18/365): "Rockin' in the Free World" (Neil Young)

La historia

La canción de hoy me lleva directo a mis clases de inglés en el British Institute. A un aula, a una mesa, y sobre todo a un profesor concreto: Colin. Un crack absoluto. Tenía ese sentido del humor británico, seco, quirúrgico, que te soltaba un comentario y tardabas tres segundos en darte cuenta de que era un chiste. Y además era muy fan de Neil Young. Mucho. Tanto que hubo una temporada en la que nos machacó un poco con esta canción. Pero de la mejor manera posible.

Entre listenings, explicaciones y ejercicios, acabamos conociendo cada inflexión de la voz rota de Young casi mejor que los phrasal verbs. Y Colin, que era de los que enseñaban más mundo que gramática, nos explicaba los versos como si fueran pequeñas ventanas a la realidad de la época. Y funcionaba.

Y luego está el otro recuerdo: un festival misterioso. Un macrofestival al aire libre, de esos que la tele emitía sin demasiadas explicaciones, y que yo grabé en VHS sin saber muy bien qué estaba viendo. Solo recuerdo a Neil Young en formato más acústico, enorme, con esa mezcla de calma y electricidad contenida que solo él sabía manejar. Durante años, en casa, aquello fue simplemente “ese concierto de Neil Young”. Nunca supe qué festival era, y quizá por eso me gusta más: porque pertenece a ese territorio de recuerdos que no necesitan nombre para seguir vivos.

La letra

Colin nos enseñó que esta canción no era solo un himno, sino una radiografía social. Y algunos versos se me quedaron grabados porque él los explicaba con una claridad que aún hoy recuerdo:

“There's colors on the street, red, white and blue…”

Decía que era una forma perfecta de empezar una crítica sin levantar la voz.

“People sleeping in their shoes…”

Esta la repetía mucho. “Mirad lo que hace aquí”, decía. “Una frase sencilla, pero devastadora”. Y tenía razón.

“We got a thousand points of light for the homeless man…”

Y, por supuesto, el estribillo: 

“Keep on rocking on the free world”

Y aquí nos explicaba cómo el inglés puede sonar optimista mientras te clava un dardo, con una referencia a cierto presidente de los EEUU que ahora no recuerdo. Ironía fina. Muy Colin.

La melodía

Guitarra cruda, ritmo firme, y esa sensación de que la canción avanza como una locomotora que no piensa frenar. Es rock del bueno, del que no pide permiso. Una mezcla de rabia, libertad y lucidez que solo Young sabía equilibrar.

Cantar

No es de las que canto afinando. Es de las que canto con actitud. De esas que te hacen mover la cabeza aunque estés sentado. Y sí, alguna vez la he cantado como si estuviera en clase otra vez, esperando que Colin soltara algún comentario irónico entre verso y verso.

La ubicación

Hoy, la ubicación es un recuerdo académico-musical. Un aula del British Institute, un profesor inolvidable, y una canción que entró en mi vida por insistencia pedagógica y se quedó por mérito propio.

Cameos

  • Neil Young, en modo himno eterno.
  • Colin, el profe que convertía listening en conciertos.
  • El British Institute, con su mezcla de ejercicios, libros y, de vez en cuando, un poco de rock.
  • El festival misterioso grabado en VHS.
  • Ese yo que aprendía inglés a base de guitarrazos mezclados con letras que aprendíamos e incluso llegábamos a entender. 

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Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.

12 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (17/365): “Kiss of no return” (Trevor Herion)

#NoPreguntes, pero me metí en Facebook al principio del día de hoy y me aparece un comentario sobre esta canción en la cuenta Jukebox

La historia

La canción de hoy es una de esas misteriosas. De las que aparecían en la radio en los 80, te atrapaban un instante y luego desaparecían sin dejar rastro. En aquellos tiempos la radio era la primera referencia, casi la única. No era tan fácil recordar ni saber el título de todo lo que sonaba, y eso de buscar en internet ya era cosa de otro siglo. Si no pillabas el nombre al vuelo, se perdía. Y esta se perdió. O eso creía.

Un día, si la memoria no me falla, juraría que la escuché viendo una película. O al menos eso me pareció. Diría que era la versión cinematográfica de Fever Pitch, una de mis películas de referencia por la temática futbolera y por ese profesor hincha del Arsenal que vive entre la pasión futbolera y el rol académico de nueve a cinco. Busqué la banda sonora —sí, incluso en aquel enlace perdido de Amazon que aún sigue por ahí— y allí no estaba. Tal vez fue en otra película inglesa, pero no la recuerdo. Y quizá por eso esta canción tiene ese aire de misterio: aparece donde quiere, cuando quiere, y nunca estás del todo seguro de si la escuchaste o la soñaste.

Y entonces llegó el giro definitivo. Escuchando el programa de Cocodril Club de Albert Malla, apareció una versión instrumental, casi celta, con un toque acordeonesco que no recordaba para nada. Le pregunté por Facebook y me respondió por la radio. Y ahí estaba: la misma melodía, disfrazada, pero inconfundible. Ya la tenía.

La letra

No es una letra muy conocida, y ni la recuerdo ni la he visto por ahí. Invito la pongais en comentarios.  Eso sí, tiene ese tono entre romántico y fatalista tan propio de algunos artistas británicos de los 80. No soy capaz de destriparla. 

La melodía

Melancolía elegante. De esa que no empuja, sino que acompaña. Sintetizadores suaves, una voz que parece venir desde un pasillo largo y vacío, y un ritmo contenido que no necesita más para quedarse. Es pop electrónico de primera hornada, con ese aire cinematográfico que tenían algunos artistas que pasaron demasiado rápido.

Cantar

No la canto a pleno pulmón. La tarareo sin darme cuenta. Como si la melodía se hubiera quedado en algún rincón de la memoria y volviera cuando quiere, sin pedir permiso. La letra no la busqueis. 

La ubicación

Hoy, la ubicación es una madrugada de Facebook. De esas en que abres la aplicación sin intención y acabas en un viaje musical inesperado. Una especie de “beso de no retorno” digital que te devuelve a un lugar que no sabías que seguía ahí.

Cameos

  • Trevor Herion, en modo joya oculta de los 80.
  • Jukebox, con sus revivals que aparecen cuando menos te lo esperas.
  • Cocodril Club y Albert Malla, devolviendo la canción en versión celta.
  • Las películas inglesas que quizá sí, quizá no, pero siempre están ahí.
  • Ese yo que abre Facebook sin intención y acaba con una canción para todo el día.

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Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.

11 junio 2026

#MiListaDeLosSesenta (16/365): “Keep on loving you” (Reo Speedwagon)

La historia

La canción de hoy es de jueves. De esos jueves de noche volviendo a L’Hospitalet desde Brafa, con la sensación de que el día ya había dado todo lo que tenía que dar, pero aún quedaba ese último tramo de carretera para volver a casa. Sonaba en la Radio 80 Serie Oro de turno, o en algún CD que llevaba meses en la guantera. Siempre aparecía en el momento justo, como si supiera que la Ronda de Dalt tenía banda sonora propia.

Bajando por la Ronda, ya podías ver casa. El campo del Hospi, a veces todavía con las luces encendidas. La Residencia. La salida del Hipercor. Y ese pensamiento rápido, casi automático: “A ver si hoy no hay control…”. Y otra historia eran los NHH del Tijuana. Era otro tiempo, otra manera de volver, otra manera de vivir la noche: deporte y diversión. 

Y ahí entraba esta canción. Una balada que parecía escrita para esos kilómetros finales, para ese cansancio dulce de jueves, para esa mezcla de rutina y libertad que solo se siente cuando vuelves a LH después de un día largo en Barcelona.

La letra

Mis líneas favoritas, esas que siempre me han acompañado:

"You should have seen by the look in my eyes, baby
There was something missin'"

"You should have known by the tone of my voice maybe
But you didn't listen."

Y más adelante, ese golpe emocional que siempre llega:

"And I meant every word I said
When I said that I love you
I meant that I love you forever"

Y el remate perfecto para un jueves noche:

"I don't wanna sleep
I just wanna keep on lovin' you"

La melodía

Balada ochentera en estado puro. Piano, guitarras limpias, voz rota en el punto justo. Una canción que empieza suave, casi tímida, y acaba explotando en un estribillo que te levanta incluso cuando llevas todo el día arrastrándote. Es de esas que no pasan de moda porque nunca pertenecieron a una sola época.

Cantar

La cantaba en el coche, volviendo. Y en aquellos jueves, a veces la cantaba bajito y a veces a todo pulmón, con la carretera delante y la ciudad a cada lado. Era imposible no hacerlo.

La ubicación

La Ronda de Dalt, de noche.
La bajada hacia LH.
El Hospi iluminado.
La salida del Hipercor.
Y ese momento en el que ya sabes que estás llegando a casa.

Cameos

  • REO Speedwagon, en modo balada eterna.
  • Radio 80 Serie Oro, que siempre sabía cuándo ponerla.
  • La Ronda de Dalt, compañera de tantos regresos.
  • El Hospi, con sus luces como faro de vuelta.
  • Y ese yo de jueves noche, medio cansado, medio libre, completamente suyo.

Enlaces / Incrustes

Updates

Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.

Hoy no ha sonado, pero en la salida de Ronda que ya no me toca la del Hipercor, control como la copa de un pino... Me han dejado pasar, por pena, por  boomer o por lo que fuere. Las que han sonado en la radio del coche apareceran en #MiListaDeLosSesenta.