Hay canciones que no son tuyas, pero te adoptan. Y “Grita” es una de esas. No la buscaba, no la ponía, no la cantaba… pero apareció en una mesa concreta del Tijuana Borrell, y desde entonces se quedó pegada a ese recuerdo como si fuera parte del mobiliario.
Aquella noche había mucha gente, mucho ruido amable, mucha rotación de sillas y vasos, pero yo recuerdo sobre todo a Carlos S. y su novieta de la época. Él, en modo involuntario, confirmando que todo el mundo estaba cómodo, bien situado, bien atendido. Y ellos dos, de repente, junto con el resto de la mesa, siguiendo la melodía con el “Grita” como si fuera un himno íntimo. Seguro que Ginés tambén estaba, recrodando que hoy día 8 de junio, es su cumpleaños.
Y ahí lo supe: todo iba bien, de PM que diríamos entonces. Ese tipo de confirmaciones que no vienen de una frase, sino de una canción que cae en el momento exacto.
Desde entonces, cada vez que aparece —en la radio, en YouTube, en alguna playlist perdida por el mundo— me devuelve a esa mesa. No la canto entera, pero sí algún trozo suelto, como quien saluda a un viejo conocido.
La letra
“y si quieres más, pues grita”
Con eso basta.
La melodía
Ese riff sencillo, casi de mantra, que te empuja sin prisa, que arranca como si fuera un rap. Una canción que no exige nada, pero que te acompaña. No es épica, no es compleja, no es de esas que te cambian el pulso. Es más bien una mano en el hombro.
Cantar
No la canto en solitario. Nunca la he cantado entera. Pero cuando aparece en la radio o en alguna playlist que no sé ni de dónde sale, siempre se me escapa un “pues grita”. Supongo que es mi forma de volver a aquella mesa sin hacer ruido.
La ubicación
Tijuana Borrell. Una mesa de esas que se unían encajando una tablilla. Todavía sin Coronitas o tequilas.
CameoCarlos S., en modo “todo el mundo bien", su novieta, que seguro llevaba el ritmo mejor que él. Y la sensación colectiva de que la noche estaba funcionando sola. Nada que no soliera pasar.
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Updates
Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.
Hoy en #MiListaDeLosSesenta toca una de esas canciones que no solo suenan: te arrastran. Y en mi caso, me arrastran de nuevo directamente al Tijuana, aquel local mexicano de la calle Borrell, entre la Escola Industrial y el Juan Sebastián Bar. Noches largas, amigos, Cuervos, Coronitas y ese momento en que, tarde o temprano, Come On Eileen caía como un ritual inevitable.
Y sonó ayer de nuevo, y la pusimos especialmente, celebrando mis sesenta en el nuevo y probablemente último Tijuana, aquí en Olesa de Montserrat, reunidos algunos de los más asiduos en sus tiempos allí en la ciudad de al lado. Y puede que sea la última fiesta tijuanera de este estilo. Pero #NuncaDigas, y por ello pelearemos.
La historia
Hay canciones que se te quedan pegadas a la piel por insistencia, por repetición o por pura química. Esta pertenece a la tercera categoría.
En el Tijuana sonaba cuando ya llevábamos un rato largo, cuando la conversación empezaba a deshacerse o tal vez ya no existía, y la noche entraba en esa fase en la que todo es más cálido, más fácil, más ruidoso, más descontrolado.
Desde entonces quedó en mi memoria y en algún cassette perdido, como una postal sonora de aquellos años en ese local mítico de la calle Borrell.
La letra
Nunca fui de aprenderme letras en esas noches. Bastante tenía con mantenerme en pie. Pero hay un verso que se me quedó grabado para siempre: Pobre Juan!
“Poor old Johnnie Ray…”
Y luego, claro, el estribillo, que es imposible no gritar aunque no sepas si estás afinando o invocando algo. Ayer se bailó poco, pero se acabó bailando por algunas de las del lugar.
La melodía
Tiene ese arranque casi folk, con violines que parecen sacados de una fiesta de pueblo, y de repente estalla en un himno que te empuja sin pedir permiso.
Es una canción que no permite la quietud. Te levanta, te arrastra, te mete dentro de un torbellino de energía que encaja perfectamente con un bar pequeño, una cerveza en la mano y un grupo de amigos que ya no distingue si es jueves, viernes o martes. Y alguna camarera que te pregunta_ "Oye, ¿tú trabajas?"
Cantar
Cantar Come On Eileen es un deporte de riesgo. Empiezas suave, confiado, y cuando llega el “Toora loora toora loo-rye-aye” ya estás entregado.
En el Tijuana era tradición: quien no la cantaba, la bailaba; quien no la bailaba, la gritaba; y quien no hacía nada… estaba en el baño.
La ubicación
No hace falta decir hacia dónde me teletransporta: directamente al Tijuana de Borrell. Y a partir de ayer, un poco al de Olesa de Montserrat
No falla. Un acorde y ya estoy allí, con las luces bajas, el olor a madera y la sensación de que la noche aún podía durar horas. Y volvías a casa con calma, la que daba un control bastante respestable y menos controles que los que ahora te pueden acechar.
Cameos
Ha salido en mil recopilatorios, anuncios y películas, pero para mí su cameo definitivo es ese: el de mis propias noches en Barcelona.
Ninguna producción la ha usado mejor.
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El vídeo oficial tiene ese estilo campero tan suyo: tirantes, camisas remangadas, un aire de cuadrilla irlandesa que parece recién salida de un pueblo donde siempre es domingo.
Pero no es un vídeo para ver: es una canción para escuchar.
Funciona mejor como banda sonora que como pieza visual. Aun así, ahí queda, por si alguien quiere comprobarlo.
Updates
Aquí va la foto de ayer. Histórica la mires como la mires.
Hoy es un día de celebración especial. Si todo va según lo previsto, mientras este post ve la luz, estaremos en el Tijuana celebrando #MiListaDeLosSesenta. Por eso, hoy toca un homenaje a ese ecosistema vital, a Brau y a esa pandilla con la que he compartido tantas noches: suena "Gimme the Power" de Molotov.
El escenario de tantas batallas: La Cantina Tijuana.
La historia
El "Tijuana", ese local en Olesa de Montserrat que tuvo sus décadas de gloria en el Eixample barcelonés, ha sido el lugar, cuando estaba ubicado en la calle Borrell junto a la Escuela Industrial, donde he empezado o acabado incontables noches de mi vida. Laborables, festivos, Noches de Reyes o Navidades... siempre con Brau al frente y un desfile inolvidable de cocineros, camareros y camareras que, junto a tantos con los que allí he tomado una Coronita o un José Cuervo, fueron mi familia elegida. Por todo ese vínculo, hoy cae una canción mexicana. No es Julieta Venegas (ella vendrá un día aún más especial), sino el rugido de Molotov.
La letra
Es una pasada. Ese estilo medio rapeado, provocativo y profundamente reivindicativo. Me encanta esa mezcla de rabia y ritmo que te obliga a prestar atención. Pero, por encima de todo, hay una frase que es la que de verdad importa. No hace falta decir que es el trozo de la canción que más he gritado yo, y todos los que la cantábamos con el corazón en la mano:
"¡VIVA MÉXICO, CABRONES!"
Pero no olvidemos ese arranque de canción ("La policía te está extorsionando (dinero)") ni tampoco, cómo no, ese estribillo que repetíamos continuamenye:
"Dame, dame, dame, dame todo el power
Para que te demos en la madre
Gimme, gimme, gimme, gimme todo el poder
So I can come around to joder"
La melodía
Ese bajo potente que abre la canción y que te va avisando de lo que viene. Es pura energía, un estilo que no pide permiso y que rompe con todo. Es el sonido de una fiesta que se niega a terminar.
Cantar
Esta no se canta, se brama. Es una canción de comunión, de esas que, incluso en el Tijuana, servían para soltar toda la adrenalina y sentir que, al menos mientras duraba la música, el "power" era nuestro.
La ubicación
Sin ninguna duda: el Tijuana. Es la banda sonora de esas noches en las que el tiempo se detenía entre risas y la complicidad de los que nos sentíamos en casa nada más cruzar la puerta. Es el sonido de Olesa y del Eixample fundidos en un solo recuerdo.
Cameos
Me he quedado con las ganas de ir a un concierto suyo, de vivir esa fuerza en directo. Pero como dice el lema de esta lista: "Nunca digas...". Quizás el destino nos tiene guardado un concierto de Molotov para celebrar estos 60, o 61, 62...
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Updates
Por ahora, la única actualización posible es seguir celebrando con la pandilla. ¡Que no pare el power!
Hoy en #MiListaDeLosSesenta toca encender las luces de la ciudad para recibir a la Orquesta Mondragón y su "Corazón de Neón".
La historia
Esta canción tiene esa marca inconfundible de la letra de Joaquín Sabina, pero con el envoltorio vibrante y teatral de la Mondragón. He asistido a varios conciertos de Sabina a lo largo de mi vida, y lo cierto es que a estas alturas no recuerdo con seguridad si llegué a escuchar esta canción en alguno de ellos. Las memorias de los directos a veces se solapan, pero el impacto de esta letra urbana siempre ha estado ahí.
La letra
Se nota el ADN de Sabina en cada esquina de la composición. Hay definiciones de "la ciudad donde vivo" que son simplemente magistrales y que se quedan grabadas. Mis fragmentos favoritos, por la crudeza y el contraste que proyectan, son estos:
"La ciudad donde vivo / es un niño limpiando un fusil"
"La ciudad donde vivo / es el templo del bien y del mal"
La melodía
Tiene ese ritmo marcado, casi de cabaret rockero, que invita a entrar en el juego histriónico de Javier Gurruchaga. El saxo y la base rítmica te llevan de la mano por esa calle imaginaria llena de carteles luminosos.
Cantar
Reconozco que no la he cantado demasiado, al menos no a pleno pulmón. Pero siempre me ha gustado mucho ir revisando la lista de las ciudades que van apareciendo durante la canción. Es como hacer un pequeño mapa mental mientras la música avanza.
La ubicación
Como muchas otras, es una canción "de coche", pero esta tiene un componente visual muy fuerte ligado a la televisión. Recuerdo aquellas actuaciones y conciertos de la Orquesta Mondragón, donde el despliegue escénico era tan importante como la música. Ver a Gurruchaga era ver un espectáculo total que llenaba la pantalla.
Cameos
El gran "cameo" aquí es la pluma de Sabina. Aunque la voz es de la Mondragón, el poso de la letra es puro Joaquín. Siempre me ha parecido fascinante cómo una misma historia puede sonar tan canalla con uno y tan operística con el otro.
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Si no me lo quitan, aquí un enlace en el que coinciden Sabina y Gurrutxaga cantando la canción.
Updates
Por ahora ninguna, salvo que algún día encuentre una entrada vieja de un concierto que me confirme si la escuché en directo con Sabina o no. De momento, me quedo con la duda y con la música.
Hoy en #MiListaDeLosSesenta toca detenerse en una de esas canciones que no necesitan haber sido un número uno en las listas para ser fundamentales en una vida. Hablo de "Was It Something I Said" de OMD.
La historia
A diferencia de los grandes himnos de estadio, esta canción se siente como un secreto. Se considera, supongo, una "pista de relleno" en el LP en el que estaba, pero para mí siempre ha tenido un peso específico. Me atrapa su tono, tanto en la letra como en la música; esa mezcla de vulnerabilidad y electrónica elegante que solo ellos saben facturar. Es, sencillamente, un temazo que merece ser rescatado del olvido de las caras B.
La letra
La honestidad de la letra es lo que me desarma. Hay momentos en los que uno se siente identificado con esa fragilidad de las relaciones humanas. Me encanta cómo abre la canción, pero hay frases que se quedan grabadas a fuego:
"And if all of your friends
That used to be mine
Come down off the fence
I'd swear that you'd find:
I can hate you no more
I can't even the score
Almost half of my life
Just fell right on the floor."
Y, sobre todo, ese reconocimiento de la propia imperfección que todos hemos sentido alguna vez:
"I know I'm not perfect
I wanted to be
I have this big mouth
It always contradicts me."
La melodía
Musicalmente, es OMD en estado puro. Tiene ese toque clásico de la banda de empezar y acabar la canción exactamente del mismo modo, cerrando un círculo perfecto. La voz solista de Andy McCluskey está destacable, transmitiendo esa emoción contenida que hace que la canción te llegue de verdad.
Cantar
Es una canción para cantar hacia adentro, o quizás para tararear mientras te pierdes en tus pensamientos. No es para un karaoke multitudinario tal vez, pero si tuviera voz no me imprtaría cantarla, del mismo modo que hago muchas de las veces que la escucho.
La ubicación
Esta suena mejor en la intimidad, al menos años atrás. Ahora la tengo en el algoritmo de YouTube cuando friego platos por la noche. Y debo decir que alguna vez la busco directamente y entra como mi primera canción que escuchar.
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No tengo constancia de que tenga video. Si alguien lo encuentra, me avise.
Updates
Por ahora, sigue siendo ese refugio personal en mi lista. Pero como siempre digo, la música cambia con nosotros, así que ya veremos qué me dice esta canción dentro de unos años.
Hoy es 2 de junio y en #MiListaDeLosSesenta toca poner una canción que podría ser el himno de una noche de copas o de una tarde fregando platos. Da igual el escenario. Siempre funciona. Así que este post va por ella, por las coincidencias Canarias que la trajeron a mi vida, y por no mirar atrás con rabia.
La historia
La primera memoria de esta canción no es de un concierto multitudinario ni de un gran estadio. Llegó en un lugar inesperado: Canarias. Corrían las tantas de la madrugada en un hotel, y un grupo de ingleses —de esos que viajan con la alegría ruidosa y el acento inconfundible— empezaron a cantarla a capella. Sin música, sin micrófono, solo con la memoria y las ganas. Sonaba como un himno improvisado en medio de la noche isleña. Y yo, dormido en mi habitación, me quedé escuchando sin quejarme. No sabía que aquello se iba a quedar grabado para siempre.
Luego vinieron otras veces. Una Eurocopa, un Mundial, no recuerdo cuál. Una cámara callejera enfocó a una hinchada que cantaba la canción marcada por una guitarra callejera, y la gente alrededor se fue sumando. Era contagiosa. Como un virus bueno. "One, two, three, four. So Sally can't wait..."
Más tarde, en algún concierto benéfico o retransmisión, vi a Chris Martin —el de Coldplay— cantarla ante Ariana Grande. Dos mundos distintos, dos voces que no tenían por qué encontrarse, y sin embargo sonaba bien. Sonaba a que las canciones buenas son de todos. Y esta, desde luego, lo es.
La letra
Noel Gallagher escribió algo que parece un discurso de reconciliación pero suena a conversación de bar. Empieza con ese "Slip inside the eye of your mind" que ya te invita a dejar de mirar fuera y mirar dentro. Y luego llega lo que todos recordamos:
Don't look back in anger
I heard you say
Don't look back in anger
At least not today
Y uno, que es de mirar atrás por defecto, siempre necesita que le recuerden esto. El "at least not today" es la clave. No es un "olvida para siempre". Es un "hoy no. Hoy vamos a mirar hacia adelante. El pasado ya pesa bastante."
Pero no dejemos de banda eso de empezar la revolución desde tu cama, o eso de no poner tu vida en manos de una banda de Rock 'N Roll.
La melodía
Ese piano que abre la canción, tan sencillo y tan reconocible, es de esas melodías que parecen haber estado siempre ahí, esperando a que alguien las escribiera. Noel Gallagher dice que la robó de aquí y de allá, pero la realidad es que la hizo suya. Y luego la guitarra, ese rasgueo que entra con calma y que se va hinchando hasta el estribillo. No es estridente. Es paciente. Como quien sabe que las cosas importantes no necesitan gritar.
Cantar
Pocas veces sin el soporte de la canción detrás. Pero esa noche en Canarias, los ingleses la cantaron a capella. Y sonaba bien. Sonaba a comunidad, a despedida, a "mañana será otro día".
Por supuesto, yo la canto. Mal, pero la canto. Mi momento estrella es cuando me pongo a fregar los platos por la noche. El algoritmo de YouTube, que ya me conoce, la pone en cuanto termina la anterior. Y ahí estoy yo, con las manos en el agua y la esponja en una mano, cantando como si estuviera en el estadio. La acústica de la cocina no es la de Houston, y mi afinación deja bastante que desear, pero las ganas son las mismas. También ha sonado en alguna que otra ocasión suelta que me viene a la cabeza, pero el fregadero es mi estudio de grabación particular.
La ubicación
Suena en el coche, en las gradas de algún partido, aunque no sea el himno oficial, en el salón de una boda, en los pasillos del metro. Pero su ubicación por antonomasia, al menos en mis últimos tiempos, está en Canarias y entre el estropajo y el grifo.
Cameos
Luego está el cameo más serio: Chris Martin y Ariana Grande cantándola juntos. Dos estilos que no deberían encajar, y sin embargo encajan. Porque la canción es más grande que ellos.
Y también está el recuerdo de aquella hinchada callejera, la de la Eurocopa o el Mundial, que la convirtió en un himno improvisado mientras las cámaras grababan y la gente se abrazaba. No encontré el cameo que quería, pero ponemos uno de un estadio cualquiera que la adopta como himmo.
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La versión original, la de estudio, que es la que todos conocemos. Pero la que suena en mi cabeza es la de aquella madrugada en Canarias, a capella, con ingleses borrachos y el mar de fondo.
Updates (porque "Nunca Digas").
Por ahora, ninguna. Pero nunca se sabe. Quizá dentro de unos años vuelva a sonar en otro momento importante y tenga que añadir otra línea. A mí no me importaría. Y mientras tanto, seguiré fregando platos y cantando (mal).
Hoy es 2 de junio y en #MiListaDeLosSenta toca subir las pulsaciones. O bajarlas, según el momento de la noche. Vamos con una canción que siempre me ha parecido un subidón envasado al vacío. Soy de los que cree que el house también puede tener alma, aunque la tuvieran que pedir prestada y a gritos.
La historia
La primera memoria de esta canción me viene pegando gritos por la radio. Con ese ritmito de piano, y los gritos preparados a pelo. tal vez por una tal ¿Loleatta Holloway?, y que la habían sampleado sin pedir permiso. Pero a mí, en aquel entonces, me daba igual. Sonaba a sábado, a radio, a coche.
La letra
Dice la IA que hay canciones que son puro esqueleto. Esta es solo estribillo, y aún así se te clava, quizás porque lo que más te queda es el grito. Y a mí, la parte de a sensation :
You're such a hot temptation
You just walk right in, walk, walk, walk right in.
1989, niños! Para mi, eso era un triunfo con unas pocas letras, cuatro gritos y un muestrario de teclados.
La melodía
Ese piano house, las cuerdas sintéticas, el bajo que parece una aspiradora en celo. Y la voz, esa voz que grita, que no era de ellas pero sonaba a terciopelo eléctrico. Y eso sí, el "Gotta get up" que te hacía levantar.
Cantar
Pocas veces sin el soporte de la canción detrás, y el grito que jamás pude acercar al real. Lo he comprobado.
La Ubicación
Suena en algún recopilatorio. en alguna discoteca o bareto nocturo, y luego, en el Siglo XXI, en algún que otro revival. De nuevo, no tiene una ubicación fija. Pero nunca digas...
Cameos
N/A, que yo sepa. Aunque siempre me pareció que el vídeo, con esa modelo rubia sincronizando los labios, era un cameo de Los vigilantes de la playa pero sin socorrista.
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Os la puedo dejar/grabar si algún día la quitan de internet. Aunque con los samples, igual la quitan por duplicado.