La recuerdo de la radio. Con 13 años imagino que la escuché en esas emisoras de música moderna. Era poner el día en que paso todo (29 de enero) o el día en que salió publicada... Curiosamente, este año el día de su publicación hace 47 años, cae en lunes.
La letra
Pero de la letra ni mú porque en ingles no era capaz de adivinar más que aquello del "Tell me why, I don't like Mondays". Y en últimas revisiones, ese overloaded chip del inicio me ha tocado también.
-----------------
Hello today Open your eyes The snow is falling just like leaves Aquarian warriors rebuild the ship Mr. rainbow is gone
The valiant captains will rule the seas 'Til the comets return
Hello my love Here's to your heart Release that dream into the world
Beautiful dreamer, it's up to you If we glide through the glamour of love
We believe in our dreams We're reaching out for above We believe in our dreams Reaching out for love
La melodía
Ese piano y esas dos palmadas antes de empezar a cantar.
Cantar
Sí. No con ellos, ni por asomo, pero la ha malcantado más de una vez, nunca aprendiéndome la letra más allá de un poco de Spanglish y de lo que se me queda cada vez que la revisa.
La Ubicación
---- Como mucho Alphaville, sonaba en un equipo compacto de RadioCasetteTocadiscos en su disco LP, allí en mi LH.
Cameos
No se recuerdan, pero es evidente que del líder de ese grupo hablamos en esta lista más allá de esta canción.
Enlaces / Incrustes.
Os la puedo dejar/grabar si algún día la quitan de internet.
Un Johnny por Sant Joan nunca está de más. Y si es el de Robert Palmer, mejor todavía.
Johnny & Mary siempre me ha parecido su mejor canción —aunque reconozco que no es la única que he tarareado—, pero esta tiene algo distinto: un punto pistolero, casi de carretera polvorienta, que la separa del resto de su repertorio más elegante y más trajeado.
La escuché tantas veces que hubo un momento en que perdía el hilo por culpa de una nota que no parecía una nota: más bien un ajuste de frecuencias, como si alguien estuviera calibrando una radio vieja en mitad del desierto. Y aun así, o quizá por eso, la canción se me quedó grabada.
La letra
La letra es un pequeño retrato de dos vidas que no acaban de encajar, pero que tampoco saben separarse. Mis fragmentos favoritos son estos, que siempre me han parecido casi cinematográficos:
“Johnny says he's willing to learnWhen he decides he's a foolJohnny says he'll live anywhereWhen he earns time to”
Y luego están los dos versos que mejor definen a cada uno:
“Johnny's always running around”
“Mary counts the walls / Knows he tires easily”
Ahí está todo: él huyendo, ella resistiendo. Una pareja que se quiere, pero que no sabe cómo quererse. Algún Johnny se habrá identificado y alguna Mary hubiera podido estar allí.
La melodía
Minimalista, repetitiva, hipnótica. Ese bajo que avanza sin prisa pero sin pausa, la batería seca, la voz contenida. Y, por supuesto, la famosa nota fantasma, ese sonido que parece escaparse de un oscilador más que de un instrumento.
Es una canción que no sube ni baja: avanza, como Johnny, tal vez sin saber hacia dónde.
Cantar
No es una canción para cantar a pleno pulmón. Es más bien para susurrarla, para acompañarla con un golpecito de dedos en el volante o para tararearla mientras miras por la ventana del tren.
Pero cuidado: si te despistas, la nota “de ajuste” te desmonta el compás.
La ubicación
Suena especialmente bien en noches como la de hoy, 24 de junio, cuando aún queda olor a pólvora en el aire y en el barrio está medio dormida después de Sant Joan. Es música de Radio 80, de volver a casa, de repasar mentalmente lo que has vivido y lo que no.
Enlaces / Incrustes
Updates
(Se añadirán cuando vuelva a sonar en un momento inesperado, que es como funcionan estas canciones que parecen simples pero te acompañan toda la vida.)
En pie. Porque esto no es una canción: es un himno. Un himno 80 de los que te levantan del sofá aunque no quieras. “Dolce Vita” es de esas piezas que no se escuchan: se viven. Y si encima hablamos del MaxiSingle de casi ocho minutos, entonces ya estamos en terreno sagrado. Todos, absolutamente todos, lo hemos bailado alguna vez. En una verbena, en un garito, en un salón, en una boda, en una fiesta mayor… da igual. Esta canción forma parte del ADN de los 80.
Ese inicio de doce notas —doce— que se han hecho eternas. Ese sinte que parece tocar campanillas desde un cielo de neón. Y luego Ryan Paris, que no sabíamos muy bien qué decía sobre la Dolce Vita, pero tampoco importaba. Eran los 80: lo importante era que sonara bien, que sonara fuerte y que sonara tuyo.
Y aquí viene mi recuerdo: cerca de una verbena de San Juan, cuando el tocata era imprescindible y tener discos que molaran era marcarse un buen punto. Creo que mi hermano y yo decidimos ir a por ese Maxi, convencidos de que era la compra correcta. Y me ubico caminando por Santa Eulàlia o por la carretera de la Bordeta, rumbo a alguna tienda de discos que ya no existe pero que sigue viva en mi memoria. No tratéis de averiguar más.
La letra
La letra de “Dolce Vita” es puro optimismo ochentero. Una mezcla de romanticismo naïf, noches eternas y ese toque de “todo va a salir bien” que solo se podía cantar en 1983. Me quedo con estos fragmentos, que resumen perfectamente el espíritu:
“We're walking like in the dolce vita
This time we got it right
We're living like in the dolce vita
Hmm, gonna dream tonight”
Y ese estribillo que todos hemos gritado alguna vez, incluso sin saber muy bien qué significaba:
“Another light
Before we drown in darkness
Say you'll never leave me now
Say you gonna love me now”
Es imposible no sonreír cuando suena.
La melodía
La melodía es un viaje directo a 1983. Sintetizadores brillantes, ritmo firme, un bajo que te empuja hacia la pista y ese sonido Italo Disco que hoy es nostalgia pura. El MaxiSingle, además, se permitía jugar con capas, repeticiones y breaks que convertían la canción en una experiencia casi hipnótica. Ocho minutos que se pasan en un suspiro.
Cantar
Esta es de las que se cantan sin pensar. De las que te pillan fregando, cocinando o conduciendo y te hacen soltar un “we’re walking like in the dolce vita” con más entusiasmo que afinación. Y da igual. Porque esta canción no se canta: se celebra.
La ubicación
Hoy, la ubicación es doble: una verbena de San Juan con un tocata que echa humo, y una calle de Santa Eulàlia o la Bordeta camino de una tienda de discos. Dos lugares que ya no existen como entonces, pero que siguen ahí cada vez que suena esta canción.
Cameos
El MaxiSingle de casi ocho minutos, que debería estar protegido por la UNESCO.
Las verbenas de San Juan, con su mezcla de petardos, coca y música a todo volumen.
El tocata familiar, imprescindible para cualquier fiesta que se respetara.
Mi hermano, compañero de expedición vinilera.
Santa Eulàlia y la Bordeta, territorios míticos con o sin tiendas de discos.
Y el cameo principal: hace un año y pico lo vimos en directo en el espectáculo discoteca de los 80 en el Wizink Center de Madrid. Allí estaba Ryan Paris, cantando “Dolce Vita” como si no hubiera pasado el tiempo. Y nosotros, claro, en pie.
Enlaces / Incrustes
Updates
Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve. Y si encuentro el Maxi por casa, también lo pondré. Palabra.
Hoy en #MiListaDeLosSesenta toca una de esas canciones que no sólo se escuchaban:
se miraban.
"Love in the First Degree" de Bananarama era de obligada visión en mi LH,
uno de esos vídeos que pasaban por la tele y te dejaban quieto, mirando, sin más.
Vale, no eran cantautoras. Vale, se notaba —y mucho— la mano del productor ochentero por excelencia.
Pero eran Bananarama. Y eso ya era suficiente.
Vídeo / Incruste
La letra
No puedo ponerla entera, pero sí algunos versos que siempre me han quedado grabados,
quizá porque tenían ese punto de drama pop que funcionaba tan bien en los 80:
“Last night I was dreaming
I was locked in a prison cell
When I woke up I was screaming
Calling out your name”
“And the judge and the jury
They all put the blame on me”
“Only you can set me free”
Letras sencillas, directas, sin complicaciones.
Pop puro, sin pretensiones, pero con ese toque pegadizo que te hacía cantarlas sin darte cuenta.
La melodía
La melodía es un manual de cómo hacer un éxito pop en 1987: ritmo firme, sintetizadores brillantes,
estribillo inmediato y una producción que huele a Stock Aitken Waterman desde el primer segundo.
Todo está pensado para que no puedas dejar de mover los pies… ni la cabeza.
Cantar
Esta se canta sin pensar.
De esas que te pillan en la cocina, en el coche o en el pasillo y te hacen soltar un
“Only you can set me free” con más entusiasmo que afinación.
Y da igual. Porque Bananarama no pedía perfección: pedía ganas. Y ganas te daban de aprenderse su coreografía.
La ubicación
Hoy me sitúo viéndolo en mi LH, como tantas veces.
Ese vídeo que aparecía en televisión y que uno se quedaba mirando sin más,
con esa mezcla de coreografía mínima, estética pop y actitud despreocupada.
Ahora, en tiempos de YouTube, lo combino con otros vídeos suyos que quizá merezcan repesca
en algún momento de esta lista.
Cameos
El cameo principal de hoy es reciente y muy especial:
hace pocos meses pude verlas en directo por primera vez, de nuevo en el Discoteca de los 80 de Madrid.
Y por una vez —y que quede escrito—
#YoCantéLoveInTheFirstDegreeConBananarama.
No todos los recuerdos ochenteros vuelven, pero algunos lo hacen a lo grande.
Y, de fondo, aquel recuerdo de alguna colega cercana que nos hacía reír imitando a rubia inglesa,
moviendo piernas y manos al estilo Bananarama.
A veces, eso también forma parte de la canción.
Updates
Ninguno por ahora. Quizá algún día vuelva otra de Bananarama,
que material para repesca no les falta.
Hoy en #MiListaDeLosSesenta toca caminar en catalán, en memoria y en montaña.
"Me'n vaig a peu" es una de esas canciones que no necesitan ser un gran éxito para ser
parte del paisaje: sencilla, clara, cercana, como un camino que se ha hecho toda la vida.
Una canción que acompaña, que no empuja, que respira al ritmo de quien la escucha.
Vídeo / Incruste
La letra
No la puedo poner entera, pero sí algunos versos que son el corazón de la canción:
“Però no vull que els teus ulls plorin:
Digue'm adéu
El camí fa pujada
I me'n vaig a peu”
“Cal dir adéu a la porta que es tanca
I no hem volgut tancar”
“Me'n vaig a peu, el camí fa pujada
I a les vores hi ha flors”
Tres imágenes, tres maneras de decir adiós, tres formas de caminar.
Serrat convierte un gesto tan simple como anar a peu en una pequeña declaración de libertad cotidiana.
La melodía
La melodía acompaña sin empujar: guitarra tranquila, voz que mira el paisaje mientras avanza.
Es una canción que no se escucha corriendo; se escucha al ritmo de los pasos, dejando que cada verso
se mezcle con el camino.
Cantar
Esta sí que se canta. Y se canta bien.
No hace falta tener voz, sólo hace falta tener camino.
Es de esas canciones que salen solas, que forman parte del repertorio natural de cualquiera que haya
tenido a Serrat cerca en su vida.
La subida de este año
La subida de este sábado es la clásica de cada año: andar a Montserrat.
Hace años era desde casa, o desde Brafa, como si no costara.
Ahora nos hemos hecho mayores y el punto de partida suele ser Les Fonts o Terrassa,
que también tienen su dignidad y su buena subida.
Es un camino que ya forma parte del calendario personal: repetir la ruta, medir las fuerzas,
comprobar que las piernas siguen respondiendo y que la cabeza sigue disfrutando de la montaña.
“El camí fa pujada / i a les vores hi ha flors” encaja perfectamente con esa mezcla de esfuerzo,
paisaje y costumbre.
La ubicación
Esta vez, la canción viaja conmigo en la subida anual a Montserrat.
Es fácil imaginarla sonando mientras el camino se empina, mientras se deja atrás la ciudad y se gana altura.
“Me'n vaig a peu” es casi un lema para ese día: no hace falta nada más que tiempo, piernas, resistencia, y
ganas de seguir haciendo este ritual aunque el punto de salida ya no sea Brafa.
Cameos
El cameo principal aquí es la lengua: el catalán de Serrat, íntimo y cercano, que convierte
la subida en algo todavía más propio.
Y, de fondo, esa identidad de
“Perico Teleco Futbolero de LH (El orden de los factores no altera el producto)”
que sigue apareciendo en la cabecera del blog y recuerda desde dónde se mira el mundo.
Updates
De momento, uno más: y seguir subiendo cada año, aunque el punto de partida cambie,
y dejar que Serrat acompañe el camino mientras el calendario y las piernas se ponen de acuerdo.
Hoy es viernes 19 de junio y termina el colegio de los niños. Y aunque ahora lo vemos desde el otro lado, sigue teniendo algo especial. Ese día en el que sabías que a partir de la semana que viene no verás un libro hasta septiembre. Y te lo creías hasta que tu madre aparecía con el Cuaderno de Vacaciones. Ese día que mezcla felicidad, vértigo, rutina y libertad. Y por eso la canción de hoy solo podía ser “Libre”, de Nino Bravo.
Para mí, “Libre” es infancia pura. No de campamentos ni de veranos de masía —que también— sino de un poco antes. De esas cintas de cassette que sonaban en el R12, cuando no sabías qué significaba la mitad de lo que cantabas, pero lo cantabas igual. No había YouTube, no había CDs, no había nada más que una cinta que alguien había grabado y que sonaba con ese ruido de fondo que ahora hasta echo de menos.
Y sí, no esperéis que pillara la letra reivindicativa. Ni las flores carmesí. Ni la historia detrás. Yo solo sabía que cuando Nino decía “Libreeeee”, algo dentro se abría y se abre para continuar con el sol cuando amanece.
La letra
De la letra me quedo con estas estrofas que, escuchadas hoy, tienen un peso distinto. Entonces eran solo melodía; ahora son casi un espejo:
“Tiene casi veinte años y ya está
Cansado de soñar”
Y esa búsqueda que todos hemos hecho alguna vez, incluso sin saberlo:
“Camino sin cesar
Detrás de la verdad
Y sabré lo que es al fin, la libertad”
Y, cómo no, el estribillo que sale solo, sin pedir permiso, sin calentar la voz, sin pensar:
“Libre
Como el Sol cuando amanece
Yo soy libre como el mar”
Es imposible no cantarlo. Es imposible no sentirlo.
La melodía
La melodía de “Libre” es de esas que te agarran desde el primer segundo. Una mezcla de épica, nostalgia y luz. Nino Bravo tenía esa VOZ que no necesitaba adornos: subía, se abría, te envolvía. Y aunque la canción tiene una historia dura detrás, para mí siempre será una canción luminosa. Una canción que huele a verano, a carretera, a ventanas bajadas como aire acondicionado, y a un mundo que parecía más grande de lo que era.
Cantar
Esta canción no se canta: se suelta. Se grita un poco. Se desafina sin culpa. Es de esas que te pillan fregando, conduciendo o preparando la mochila de los niños y te hacen soltar un “Libreeeee” que sale de un sitio que no sabías que seguía ahí. Imposible recordar un lugar concreto. Hay tantos...
La ubicación
Hoy, la ubicación es doble: el último día de cole de los niños, con esa mezcla de alegría y vértigo que no cambia con los años; y aquel R12 de mi infancia, con una cinta sonando y un niño que no entendía la letra, pero entendía perfectamente la sensación.
Cameos
Nino Bravo, con esa voz que sigue siendo patrimonio emocional de este país.
El R12, que debería tener su propio museo de recuerdos.
Las cintas de cassette, con su ruido de fondo y su magia irrepetible.
Los veranos de masía y los campamentos, que eran siempre iguales pero siempre distintos.
Y los niños de hoy, que también sienten ese “soy libre” aunque no lo digan igual.
Enlaces / Incrustes
Updates
Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.
Jueves por la noche. Salgo de Brafa o del bar correspondiente, carretera adelante, y de pronto suena ese sintetizador inconfundible: suena “Bolero”. Y ya está. Subo el volumen un punto más de lo habitual —porque esta canción lo exige— y dejo que el Italo Disco haga su magia. Hay canciones que son puro neón ochentero, pero pocas tienen ese poder inmediato de levantarte el ánimo como esta.
“Bolero” es de esas piezas que no se escuchan: se activan. Y si encima has tenido la suerte de cantarla con su autor, como me pasó en Madrid en el espectáculo Discoteca de los 80, entonces ya estamos hablando de palabras mayores. Fancy en directo, con ese look imposible y esa voz que sigue sonando igual de kitsch que en 1985. Fue un momentazo.
La letra
La letra es puro romanticismo electrónico, mezcla de pasión, misterio y ese toque melodramático que solo el Italo Disco sabía hacer sin caer en la parodia. Me quedo con estos fragmentos, que resumen perfectamente el espíritu:
“Hold me in your arms again. Strangers down a lonely lane
We can still survive, driftwood on the stream of life”
Y luego, claro, el estribillo que todos hemos cantado alguna vez, incluso sin saber muy bien qué decía Fancy:
“Hold me in your arms again
Let me touch your velvet skin
No more lonely nights on the way of no return
Play me the bolero”
Y cómo no, ese guiño maravilloso:
“Come to the twilight zone”
Referencia directa a la “Dimensió Desconeguda” que igual algún día volvemos a ver. O a vivir.
La melodía
La melodía es un viaje directo al Italo Disco más brillante: sintetizadores afilados, ritmo firme, un bajo electrónico que te empuja hacia adelante y ese “Play me the Bolero” que funciona como un hechizo. Fancy grabó el tema en Alemania, no en Italia, pero suena más italiano que una Vespa aparcada en Rimini.
El Bolero Mix, además, convirtió ese “Play me the Bolero” en un mantra generacional. Y sí, aún hay quien lo canta en modo Orellana, como si fuera un conjuro, ya no para abrir la pista de baile, pero suena a canto de arenga y, nunca se sabe si va a aperecer en alguna otra ocasión comunicativa.
Cantar
Esta es de las que cantas sin pensar. De las que te pillan conduciendo, cocinando o caminando por la calle y te hacen soltar un “Play me the bolero” con más entusiasmo que afinación. Y da igual. Porque esta canción no se canta: se disfruta. Y no me quedo en esa frase, suelo acompañarla con más de una estrofa.
La ubicación
Hoy, la ubicación es esa carretera de vuelta de Brafa, con la luz cayendo, el día ya hecho, y el Italo Disco recordándote que los jueves también pueden ser viernes si uno quiere. Y sí, más de una vez la he rebobinado —o como se diga ahora— para volverla a poner. Porque hay canciones que no se escuchan una sola vez.
Cameos
Fancy, icono absoluto del Italo Disco.
El concierto Discoteca de los 80 en Madrid, donde pude cantarla con él.
El “Play me the Bolero” del Bolero Mix, convertido en mantra generacional.
La “Twilight Zone”, esa Dimensió Desconeguda que siempre vuelve.
Y yo mismo, en la carretera, subiendo el volumen un punto más de lo razonable.
Enlaces / Incrustes
Versión original:
Bolero Mix:
Updates
Cuando vuelva a sonar —porque volverá a sonar— añadiré aquí dónde me pilla y qué me remueve.